La discusión parece lingüística, pero en realidad habla de historia, representación y reconocimiento.
Todavía hoy hay personas que rechazan el uso de presidenta porque crecieron escuchando que no era correcto, sosteniendo explicaciones que alguien enseñó hace años y asumiendo que el lenguaje no puede revisarse, evolucionar o corregirse. Como si todo lo aprendido fuera inmodificable y como si la sociedad no hubiera cambiado.
Pero la historia nos demuestra exactamente lo contrario.
Durante siglos también se enseñó que las mujeres no debían votar, que no podían administrar bienes, que su lugar estaba únicamente en el hogar, que no debían acceder a ciertos estudios, ocupar cargos públicos o ejercer liderazgo. Muchas de esas ideas fueron defendidas como “naturales”, “correctas” o “tradicionales”. Hoy entendemos que eran expresiones de exclusión.
Por eso vale la pena recordar algo: presidenta no es una moda, ni una imposición reciente. Está documentada desde el siglo XV y registrada por la RAE desde 1803. Es una palabra válida, correcta y parte de la historia del idioma.
Pero esta conversación no termina en la gramática.
Porque mientras discutimos si una mujer debe ser llamada presidente o presidenta, millones de mujeres siguen enfrentando violencia, discriminación, brechas salariales, sobrecarga de cuidados, acoso, feminicidios y barreras para llegar a espacios de poder y toma de decisiones.
Y ahí está el verdadero reto.
Defender a las mujeres no puede limitarse a una fecha conmemorativa, una publicación o un discurso. Debe demostrarse todos los días: en las leyes, en las políticas públicas, en las oportunidades, en la protección efectiva de sus derechos, en la representación y también en las formas en que las nombramos y reconocemos.
Porque nombrar no es un detalle menor. El lenguaje refleja la sociedad que somos y también la sociedad que queremos construir.
Entonces vuelvo a la pregunta inicial:
¿Queremos una mujer presidente o una presidenta?
Yo creo que el debate de fondo es otro: ¿estamos dispuestos a reconocer plenamente el lugar que las mujeres han conquistado y seguir construyendo una sociedad donde no tengan que seguir justificando su presencia? Y en ese sentido, yo me quedo con una presidenta.
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