Con el día a día, los sectores sociales LGBTI se enfrentan a una realidad que muchos preferirían ignorar. No se trata simplemente de una búsqueda de diversión o alegría en la identidad sexual o de género, sino de una lucha cotidiana por la supervivencia. Colombia, como muchos otros países, ha visto cómo los miembros de los sectores sociales LGBTI enfrentan un riesgo desproporcionado de violencia y discriminación, una realidad que se replica a lo largo y ancho del planeta.

Las cifras son más que cifras; representan vidas, sueños truncados y familias destrozadas. Cada año, miles de casos de violencia y asesinatos de personas LGBTI se registran en todo el mundo. Es una epidemia global que no respeta fronteras ni culturas. Desde América Latina hasta Europa, desde Asia hasta África, la historia se repite una y otra vez: la intolerancia y el odio cobran un precio demasiado alto.

Pero no podemos seguir cerrando los ojos ante esta realidad. No podemos permitirnos la comodidad de la indiferencia. La violencia contra los sectores sociales LGBTI no es solo un problema de unos pocos países; es un desafío que nos concierne a todos, como ciudadanos del mundo.

Es hora de que nos enfrentemos a este problema con valentía y determinación. Debemos exigir a nuestros líderes que tomen medidas concretas para proteger y garantizar los derechos humanos de todas las personas, independientemente de su orientación sexual o identidad de género. No basta con leyes sobre el papel; necesitamos un compromiso real y acciones tangibles que promuevan la inclusión y la igualdad en todos los ámbitos de la sociedad.

La lucha por la igualdad y la seguridad de los sectores sociales LGBTI no es una tarea fácil, pero es una tarea necesaria. Todos tenemos un papel que desempeñar en esta lucha, ya sea levantando la voz en solidaridad, apoyando a organizaciones que defienden los derechos humanos o simplemente educando a nuestros amigos y familiares sobre la importancia de la diversidad y el respeto.

El mundo que queremos construir es uno donde todas las personas puedan vivir libres de miedo y violencia, simplemente siendo quienes son. Y juntos, podemos hacer que esa visión se convierta en realidad.